clínica y enseñanza del psicoanálisis

La incomodidad del psicoanálisis.

El psicoanálisis no se ofrece como una posibilidad más, frente al consumismo de felicidad, bienestar, comodidad, y amores románticos de todo tipo. Quien practica el psicoanálisis, posibilita, en el mejor de los casos, posibilita o no, transitar esos lugares poco iluminados, incómodos, de los que el sujeto, ilusionado, iluminado, nada quiere saber.

Germán García, en “EN TORNO DE LAS IDENTIFICACIONES”, dice: El deseo del analista es una cosa nueva en el mundo. A Freud se le ocurrió que su propio deseo de entender lo que decía el otro era ya un oficio. Podemos decir que antes había deseo de analizante, porque la gente iba a que les descifraran los sueños, iba al cura, lo que no había era deseo de analista.

Ante las múltiples demandas de sanar, de curar, donde no hay lugar para la angustia, donde urge el no sufrir, aprovechar el tiempo, producir, la experiencia analítica nos viene a inquietar, a despabilar de aquellos lugares naturalizados. El psicoanálisis no garantiza ningún bien, o podríamos decir, que el único bien que puede ofrecer es el psicoanálisis mismo, ¿y qué bien ofrece el psicoanálisis?, ninguno, dice Germán García.

¿Hay posibilidad de un análisis en estos tiempos?  ¿Con qué desafíos se encuentra el psicoanálisis frente a la subjetividad de la época? 

A los imperativos del saber soltar, saber amar, saber llevar una vida feliz, el psicoanálisis lo que ofrece es investigar, indagar aquello que no marcha ni marchará, de la relación del sujeto con el mundo. El psicoanálisis, a diferencia de los discursos religiosos, del mercado de los quitapenas, no promete felicidad. Dijera Lacan (1) , “para eso fue pensada la religión, para curar a los hombres, es decir, para que no se den cuenta de lo que no anda”.

En estos tiempos donde pareciera que nada tiene que doler, donde no está permitido aburrirse, angustiarse,  el psicoanálisis sigue suscitando incomodidades, inquietando  opacidades, imposibles de atravesar.

Eric Laurent (2) explica por qué el psicoanálisis es una práctica eficaz, y por qué puede seguir sosteniendo esta eficacia, especialmente en un siglo XXI en el cual lo que no tenga eficacia no va a tener lugar. Se muestra un psicoanálisis que en vez de autosegregarse en su pequeña identidad, sale y sostiene una conversación con los otros discursos y con los días, ofreciendo no la cura analítica para todos, sino un lugar de uso posible para todos. En este sentido el psicoanálisis, no ofrece ningún bien, es decir, no tiene como meta la cura, el bienestar, sino que hay como efecto del recorrido del análisis de cada quien, un andar lo bastante mejor, una cura como efecto de la experiencia analítica.

El psicoanálisis no promete éxitos, tampoco ofrece garantías, ni se aloja en el programa de la civilización. Lacan (3), en la lectura de Freud, haciendo referencia a la búsqueda de felicidad por parte de los hombres, dice: “Para esa felicidad, absolutamente nada está preparado en el macrocosmos ni en el microcosmos” “Ciertamente, el hombre busca la felicidad,  ése es su fin”. El hombre busca ser feliz, y quiere serlo, nos dice Freud, y el psicoanálisis nada tiene que ver con aquellas exigencias, como dijera Lacan, «de reconciliación pastoral de todo con todo”. A lo sumo el poder ser felices, por efecto del análisis, aceptando que no es sin incomodidades, vivir de manera más consciente con aquello que uno cree que ama, y desea. Se podría decir que el psicoanálisis tiene que ver con una experiencia amorosa, una experiencia que como el amor, no es sin fracasos, ni sin fallas. 

En palabras de Lacan (4) “todo orden, todo discurso que se entronca en el capitalismo, deja de lado lo que llamaremos simplemente las cosas del amor”. 

El capitalismo nada quiere saber de aquello que falta, que duele. Aspira, pretende, hacer posible lo imposible. Donde todo es medido, etiquetado, clasificado, es ahí donde el sujeto detiene la pregunta por su deseo, es ahí donde permanece dormido.

La experiencia del  psicoanálisis no es sin trastabillar, ofrece lugar a la sorpresa y  a las cosas del amor que el mercado, rechaza. El sujeto se acomoda a las exigencias, responde a los imperativos, y va camino a la búsqueda de tranquilidad, para dejar de sufrir, tranquilidad que se traduce en un adormecimiento, en un mantenerse dormidos con los ojos abiertos. ¿De qué se escapa el sujeto en la actualidad?

Liliana Goya (5) en su artículo: El horror al saber, dice: “si se trata de la verdad, la verdad de la que se trata es la de la castración. Pero como ella no puede decirse más que a través de rodeos, solo a partir de los síntomas aparece en el hombre esta verdad, entre líneas. La posibilidad que esta verdad aparezca, depende y compete al deseo del analista, el cual no es sin incomodar, ese deseo que no consiste en taponar de sentido, ni curar sino poder habilitar el decir del sujeto, aquel que llega amarrado de su historia, alienado de sus identificaciones.

Miller (6) nos dice: el deseo del analista no es ajustarlos a, no es hacerles el bien, sino justamente obtener lo más singular de lo que constituye su ser; esto es, que sean capaces de delimitar lo que los diferencia como tales y de asumirlo, de decir: yo soy este que no está bien, que no es como los demás, que no apruebo, pero que es esto.

Haciendo referencia al propio análisis, Liliana Goya dice que el analista tiene que haber podido acercarse a eso que lo determina, de lo que siempre como neurótico ha querido huir, desconocer su propio horror al saber, (de saber sobre su verdad); condición para poder operar en la función que lo concierne. Retomando el titulo de mi trabajo, es con la incomodidad del psicoanálisis que se puede  posibilitar el decir del sujeto, más que al hacer, y en ese decir del sujeto y tomando las palabras de Miller, es que lo más difícil de alcanzar no es el hombre nuevo, no es la tierra prometida. Hay simplemente un andar bastante mejor, o leyendo los discursos epocales, un andar bastante feliz.

Julieta Lohrengel

(1) Lacan, Jacques (1974). “El triunfo de la religión”. Editorial Paidós.

(2)  Laurent, E. (2000) “Psicoanálisis y Salud Mental” Editorial Tres Haches.

(3) Jacques Lacan (1959 – 1960), El seminario, libro 7: La ética del psicoanálisis. 

(4)  Jacques, Lacan (1971 -1972)  EL SABER DEL PSICOANALISTA Charlas en Sainte Anne.

(5) Liliana Goya (2019) ETCETERA Nº138. EL HORROR AL SABER

(6)  Miller, Jacques-Alain (2011): SUTILEZAS ANALITICAS. Editorial Paidós

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