Jornada 2024: Inconsciente, entre saber y verdad




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En los tiempos que corren es cotidiano escuchar la palabra SALUD, precisamente la OMS escribe en su Constitución: «La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.»
Y especifica que la salud mental “es un estado de bienestar en el que la persona realiza sus capacidades y es capaz de hacer frente al estrés normal de la vida, de trabajar de forma productiva y de contribuir a su comunidad. En este sentido positivo, la salud mental es el fundamento del bienestar individual y del funcionamiento eficaz de la comunidad”.
La misma organización platea que ante la pandemia es posible estar “Sanos en Casa”, proponiendo ciertos tips dice (textual) “Afortunadamente, son muchas las cosas que podemos hacer para cuidar nuestra salud mental”
Podemos leer que en esta definición se piensa a las personas como individuos, es decir indivisos, como-unidades. Que es posible tener un dominio del cuerpo y la mente… digamos.
Desde el psicoanálisis freudiano, según la enseñanza de Lacan, hablar de SUJETO nos posiciona ya en una división, es decir que no hay ni habrá una unidad. Esta noción tiene sus orígenes en 1938 (La escisión del yo en el proceso defensivo) cuando Freud teoriza que se produce una desgarradura en el yo ante un conflicto entre la exigencia de la pulsión y el veto de la realidad objetiva, donde se resuelve tomar ambos caminos simultáneamente. Desgarrón del yo “que nunca se reparará, sino que se hará más grande con el tiempo”. Lacan encuentra en ese desgarrón del yo una verdad irreductible y postula la teoría del sujeto dividido.
Tiempo antes daba por tierra la ilusión de un yo unificado, en el texto “Una dificultad del psicoanálisis” de 1917 Sigmund Freud escribe que el “hombre se siente soberano de su alma, y desde su Yo puede examinar sus propias mociones y acciones para determinar si armonizan con sus exigencias”. Pero siendo que “la vida pulsional no puede domeñarse plenamente, y que los procesos anímicos son en sí inconscientes…”, se asevera que “el yo no es el amo de su propia casa.” Nombra así una de las heridas narcisistas.
En “Actualidad del trauma” (de Germán García) se lee “…la gente está enferma de palabras. Uno está enfermo de lenguaje, esa es la teoría de Jacques Lacan. La gente aprendió a hablar y no puede estar fuera del lenguaje.”
Y continúa García: “El lenguaje, lejos de ser un instrumento, es algo que me habita, dormido o despierto. Piensa lo que no quiero pensar, y no piensa lo que quiero.”
Esto nos va poniendo en la vía de que el hombre pensado como un ser en completo bienestar y armónico sería una ilusión, algo imposible, ya que está dividido y el lenguaje lo habita, no puede controlar.
En el capítulo 7 de “La interpretación de los sueños” (1900) Freud hace referencia a un lugar de sombras, escribe que hasta en los sueños mejor interpretados se observa un límite “que de ahí arranca una madeja de pensamientos oníricos que no se dejan desenredar” “Entonces ese es el ombligo del sueño, el lugar en que él (el sueño) se asienta en lo no conocido”. Y en el apartado en donde analiza un sueño propio – “El Método de la Interpretación de los Sueños. Análisis De Un Sueño Paradigmático” – en una nota al pie se lee, “sospecho que la interpretación de este fragmento no avanzó lo suficiente para desentrañar todo su sentido oculto. … todo sueño tiene por lo menos un lugar en el cual es insondable, un ombligo por el que se conecta con lo no conocido.”
Postulando que siempre uno se va a encontrar con un elemento irreductible.
En el libro “Sutilizas Analíticas”, Jacques-Alain Miller anuncia que Freud utiliza la expresión ombligo del sueño como ese punto donde las interpretaciones convergen y dan un horizonte indefinido… son inconclusas por estructura, ninguna interpretación está terminada….
Esto da cuenta que no todo está dicho, ni se puede decir.
Casi al finalizar el capítulo “Posición del analista”, se lee: “Lacan trató de nombrar con muchos nombres el ombligo del sueño – ombligo también de todo acto fallido, la represión primordial – hasta llegar al NO HAY RELACION SEXUAL como su designación más próxima, ya que el problema sexual no tiene solución significante.” No puede ser dicho, está por fuera del lenguaje, no hay saber sobre lo sexual.
Se trata de la forclusión del significante de La Mujer, por lo cual cada uno tiene su construcción de la mujer y la relación sexual. Esto justifica el “todo el mundo es loco, es decir, delirante”, fórmula que Miller toma de Lacan para plantear la inadecuación entre lo real y lo mental, e implica que de lo real solo se puede mentir. Cuestionando cualquier idea de salud mental.
En otro capítulo Miller nombra a Lacan y dice que él “creía que la falla que vuelve para siempre al hombre enfermo era la ausencia de relación sexual, que esa enfermedad era irremediable, que nada podría colmar ni curar la diferencia entre un sexo y otro,… La ausencia de relación sexual invalida toda noción de salud mental y de terapéutica como retorno a la salud mental.”
Por lo tanto el cuerpo es afectado por el lenguaje, ya sea en tanto que el hombre no cuenta con todos los significantes y también por el límite mismo que lleva en sí la interpretación.
El psicoanálisis admite los efectos del lenguaje en la enfermedad intrínseca del ser humano como ser hablante y como ser hablado. En su última enseñanza Lacan lo llamará “parletre” – ser hablante y hablado.
Ese ombligo del sueño, ese lugar vacío de significante, no tiene determinación simbólica. Y es en torno a él que el lenguaje se organiza.
En la página 66 de “Actualidad del trauma” se lee “el lenguaje se organiza, simbólica e imaginariamente, en torno a un agujero fundamental, a eso Freud lo llamaba de diferentes maneras: represión primaria, ombligo del sueño.”
Ese vacío fundamental es lo que hace hablar, ordena el discurso. En el “hacer hablar”, surge el problema: hay cosas de las que no se puede hacer hablar, hay cosas que están por fuera de la palabra.
El hombre como individuo, que es decir cómo Yo, producto de las sucesivas identificaciones, considera que es posible la armonía. Recientemente escuché en la tv una mujer que, desde la psicología social, intentaba dar explicaciones sobre la sexualidad en la adolescencia y recomendaba “hay que hablar para solucionar, resolver”, ante esto, surgen las preguntas ¿qué tipo de resolución sería posible? ¿Desde qué lugar se piensa al adolescente? Ese plateo desconoce la división, deniega aquello que determina a los seres hablante. Con Freud y Lacan encontramos que siempre hay un elemento no asimilable, que el lenguaje puede rodear o situar pero no puede absorber. Entonces desde el psicoanálisis, al hablar de sujeto, es que tenemos en la mira eso no asimilable.
Hay un agujero que es imposible de simbolizar y eso da la pauta que cada quien inventa una ficción para recubrirlo. Por lo cual la normalidad, o el “como todo el mundo”, son imposibles.
Ese vacío confronta al sujeto con un no saber, que no tiene que ver con el saber del inconsciente, ya que si bien hay un inconsciente a descifrar aquí se plantea que hay un punto irreductible que no se deja adormecer por lo simbólico. Es constante e incurable.
Ante esto me pregunto: ¿de qué real se trata este ombligo del sueño, límite de la interpretación? Teniendo en cuenta que hay diferentes concepciones de lo real en Lacan.
Voy a tomar un par de puntos que me permitirían orientar una posible respuesta. En la clase tres del libro “En torno de las identificaciones” García destaca algunas de las definiciones de lo real, siendo una de ellas la que resulta interesante porque es una definición clínica. “Lo real está fuera de la ley del lenguaje”, sigue “Decir que lo real está fuera de la ley del lenguaje quiere decir que el encuentro del sujeto con lo real produce perturbaciones en su discurso” y aclara que en la neurosis el sujeto tiene un discurso y una imagen de sí; si esto trastabilla es porque hay algo que está fuera de la ley de ese discurso y ha tocado al sujeto.
Esto me remite nuevamente a Freud en su análisis del sueño de la inyección de Irma. Desde la lectura que Lacan se destaca ese punto de las asociaciones en que el sueño se inserta en lo desconocido. Pero resalta el “descubrimiento horrible” del fondo de esa garganta, la imagen terrorífica, angustiante, revelación de algo estrictamente innombrable”. Siguiendo con el Seminario 2 Lacan dice “A esta revelación llega Freud en la cumbre de su necesidad de ver, de saber…” y reconoce que ante un sueño que desemboca en algo así debe provocar el despertar, pero Freud no despierta… porque tiene agallas. Y continúa “Hay, pues, aparición angustiante de una imagen que resume lo que podemos llamar revelación de lo real en lo que tiene de menos penetrable, lo real sin ninguna mediación posible, de lo real último, del objeto esencial que ya no es un objeto sino algo ante lo cual todas las palabras se detienen y todas las categorías fracasan, el objeto de angustia por excelencia.”
Me detengo aquí para continuar indagando, sobre qué real remite este ombligo del sueño. Entiendo que el sujeto se acerca a un punto que está fuera del lenguaje y lo perturba.
El título de esta presentación es “Lo incurable del sujeto”, ante lo incurable, ¿Qué ofrece el psicoanálisis? Con Germán García podemos decir que se ofrece un recorrido por el análisis. No con un fin utilitario ni productivo tal como se nombra en la definición de la Organización Mundial de la Salud. El psicoanálisis (lejos del utilitarismo de Bentham) ofrece un acercamiento a aquello que cada uno tiene de singular, irreductible e incurable, qué haciéndolo operativo permite a uno estar más cómodo, al decir de Miller, dejar de sufrir por ello.
Natalia Rotondo
Bibliográficas:
Freud, S. (1900) “La interpretación de los sueños” en Obras Completas, Tomo V, Amorrortu.
Freud, S. (1938): “La escisión del yo en el proceso defensivo” en Obras Completas, Tomo XIII. Amorrortu.
Freud, S. (1917): “Una dificultad del psicoanálisis” en Obras Completas, Tomo XVII. Amorrortu.
García, Germán (2005): “Actualidad del trauma”. Grama ediciones
García, Germán (2009): “En torno a las identificaciones” Otium Ediciones
Lacan, Jacques (1954-1955): “El Seminario. Libro2: El Yo en la Teoría de Freud y en la Técnica Psicoanalítica”. Editorial Paidos.
Miller, Jacques –Alain (2011): “Sutilizas Analíticas”. Editorial Paidos.
Organización Mundial de la Salud: https://www.who.int/es
El psicoanálisis no se ofrece como una posibilidad más, frente al consumismo de felicidad, bienestar, comodidad, y amores románticos de todo tipo. Quien practica el psicoanálisis, posibilita, en el mejor de los casos, posibilita o no, transitar esos lugares poco iluminados, incómodos, de los que el sujeto, ilusionado, iluminado, nada quiere saber.
Germán García, en “EN TORNO DE LAS IDENTIFICACIONES”, dice: El deseo del analista es una cosa nueva en el mundo. A Freud se le ocurrió que su propio deseo de entender lo que decía el otro era ya un oficio. Podemos decir que antes había deseo de analizante, porque la gente iba a que les descifraran los sueños, iba al cura, lo que no había era deseo de analista.
Ante las múltiples demandas de sanar, de curar, donde no hay lugar para la angustia, donde urge el no sufrir, aprovechar el tiempo, producir, la experiencia analítica nos viene a inquietar, a despabilar de aquellos lugares naturalizados. El psicoanálisis no garantiza ningún bien, o podríamos decir, que el único bien que puede ofrecer es el psicoanálisis mismo, ¿y qué bien ofrece el psicoanálisis?, ninguno, dice Germán García.
¿Hay posibilidad de un análisis en estos tiempos? ¿Con qué desafíos se encuentra el psicoanálisis frente a la subjetividad de la época?
A los imperativos del saber soltar, saber amar, saber llevar una vida feliz, el psicoanálisis lo que ofrece es investigar, indagar aquello que no marcha ni marchará, de la relación del sujeto con el mundo. El psicoanálisis, a diferencia de los discursos religiosos, del mercado de los quitapenas, no promete felicidad. Dijera Lacan (1) , “para eso fue pensada la religión, para curar a los hombres, es decir, para que no se den cuenta de lo que no anda”.
En estos tiempos donde pareciera que nada tiene que doler, donde no está permitido aburrirse, angustiarse, el psicoanálisis sigue suscitando incomodidades, inquietando opacidades, imposibles de atravesar.
Eric Laurent (2) explica por qué el psicoanálisis es una práctica eficaz, y por qué puede seguir sosteniendo esta eficacia, especialmente en un siglo XXI en el cual lo que no tenga eficacia no va a tener lugar. Se muestra un psicoanálisis que en vez de autosegregarse en su pequeña identidad, sale y sostiene una conversación con los otros discursos y con los días, ofreciendo no la cura analítica para todos, sino un lugar de uso posible para todos. En este sentido el psicoanálisis, no ofrece ningún bien, es decir, no tiene como meta la cura, el bienestar, sino que hay como efecto del recorrido del análisis de cada quien, un andar lo bastante mejor, una cura como efecto de la experiencia analítica.
El psicoanálisis no promete éxitos, tampoco ofrece garantías, ni se aloja en el programa de la civilización. Lacan (3), en la lectura de Freud, haciendo referencia a la búsqueda de felicidad por parte de los hombres, dice: “Para esa felicidad, absolutamente nada está preparado en el macrocosmos ni en el microcosmos” “Ciertamente, el hombre busca la felicidad, ése es su fin”. El hombre busca ser feliz, y quiere serlo, nos dice Freud, y el psicoanálisis nada tiene que ver con aquellas exigencias, como dijera Lacan, «de reconciliación pastoral de todo con todo”. A lo sumo el poder ser felices, por efecto del análisis, aceptando que no es sin incomodidades, vivir de manera más consciente con aquello que uno cree que ama, y desea. Se podría decir que el psicoanálisis tiene que ver con una experiencia amorosa, una experiencia que como el amor, no es sin fracasos, ni sin fallas.
En palabras de Lacan (4) “todo orden, todo discurso que se entronca en el capitalismo, deja de lado lo que llamaremos simplemente las cosas del amor”.
El capitalismo nada quiere saber de aquello que falta, que duele. Aspira, pretende, hacer posible lo imposible. Donde todo es medido, etiquetado, clasificado, es ahí donde el sujeto detiene la pregunta por su deseo, es ahí donde permanece dormido.
La experiencia del psicoanálisis no es sin trastabillar, ofrece lugar a la sorpresa y a las cosas del amor que el mercado, rechaza. El sujeto se acomoda a las exigencias, responde a los imperativos, y va camino a la búsqueda de tranquilidad, para dejar de sufrir, tranquilidad que se traduce en un adormecimiento, en un mantenerse dormidos con los ojos abiertos. ¿De qué se escapa el sujeto en la actualidad?
Liliana Goya (5) en su artículo: El horror al saber, dice: “si se trata de la verdad, la verdad de la que se trata es la de la castración. Pero como ella no puede decirse más que a través de rodeos, solo a partir de los síntomas aparece en el hombre esta verdad, entre líneas. La posibilidad que esta verdad aparezca, depende y compete al deseo del analista, el cual no es sin incomodar, ese deseo que no consiste en taponar de sentido, ni curar sino poder habilitar el decir del sujeto, aquel que llega amarrado de su historia, alienado de sus identificaciones.
Miller (6) nos dice: el deseo del analista no es ajustarlos a, no es hacerles el bien, sino justamente obtener lo más singular de lo que constituye su ser; esto es, que sean capaces de delimitar lo que los diferencia como tales y de asumirlo, de decir: yo soy este que no está bien, que no es como los demás, que no apruebo, pero que es esto.
Haciendo referencia al propio análisis, Liliana Goya dice que el analista tiene que haber podido acercarse a eso que lo determina, de lo que siempre como neurótico ha querido huir, desconocer su propio horror al saber, (de saber sobre su verdad); condición para poder operar en la función que lo concierne. Retomando el titulo de mi trabajo, es con la incomodidad del psicoanálisis que se puede posibilitar el decir del sujeto, más que al hacer, y en ese decir del sujeto y tomando las palabras de Miller, es que lo más difícil de alcanzar no es el hombre nuevo, no es la tierra prometida. Hay simplemente un andar bastante mejor, o leyendo los discursos epocales, un andar bastante feliz.
Julieta Lohrengel
(1) Lacan, Jacques (1974). “El triunfo de la religión”. Editorial Paidós.
(2) Laurent, E. (2000) “Psicoanálisis y Salud Mental” Editorial Tres Haches.
(3) Jacques Lacan (1959 – 1960), El seminario, libro 7: La ética del psicoanálisis.
(4) Jacques, Lacan (1971 -1972) EL SABER DEL PSICOANALISTA Charlas en Sainte Anne.
(5) Liliana Goya (2019) ETCETERA Nº138. EL HORROR AL SABER
(6) Miller, Jacques-Alain (2011): SUTILEZAS ANALITICAS. Editorial Paidós
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