clínica y enseñanza del psicoanálisis

Categoría: Cursos 2019

Un ámbito propicio (2019)

Un ámbito propicio (2019)

“Se puede esperar del psicoanálisis sólo aquello que se le ha dado”

¿Qué nos enseña el saber referencial del psicoanálisis?
¿Qué nos enseña su práctica y su clínica llamada de la singularidad?
¿Cómo favorecer la difusión y la expansión del psicoanálisis?
Estas tres preguntas, se corresponden con tres campos: episteme, clínica y política, campos que al tratarse de psicoanálisis, operan articulados entre sí.
El psicoanálisis tiene que transmitirse dónde se pueda, no obstante, es fundamental que sea allí dónde las interferencias externas a su propia lógica sean reducidas al mínimo posible.
Hay dos aspectos que sirven a los fines de pensar un ámbito propicio para la transmisión del psicoanálisis, uno es el que hace a su relación con otros saberes de la cultura y sus diversas tramas. El otro, es el inherente al psicoanálisis en las instituciones (según sus modalidades) y a los practicantes del psicoanálisis entre sí.

Freud se ocupó de crear un ámbito y logró insertar el psicoanálisis en la cultura, lo discierne de entre el arte, la religión, la filosofía y la ciencia. Lo ubica más cercano a esta última pero aclarando que no se trata de una “weltanschauung” palabra alemana de difícil traducción, cercana a la palabra cosmovisión en castellano. Al psicoanálisis como método que reviste una experiencia singular no le hace falta cosmovisión alguna, este es un principio y una condición. En 1920 cuando Freud describe la psicología de las masas, surgen interrogantes a propósito de qué tipo organización institucional ha dado a los psicoanalistas así como, acerca del problema de la formación que a ellos compete. Hemos de aclarar que estas cuestiones fueron motivo de investigación desde mucho antes del ´20 y hacen a la historia de lo que él nombra: movimiento psicoanalítico.
Lacan cuenta con el psicoanálisis inserto en la cultura por Freud, no obstante actualiza la pregunta por el lugar del psicoanálisis entre otros saberes, los propios de su tiempo. Con Freud difiere tanto en la conducción de la clínica como en el modo de organización entre analistas y su formación. Esa formación supone: análisis, enseñanza y control de la práctica.
La pregunta por el ámbito propicio para la difusión del psicoanálisis, es actual e incumbe a aquellos que nos decimos practicantes del psicoanálisis. Para ensayar una respuesta es imprescindible revisar cuestiones propias de la historia del psicoanálisis, no sólo sus comienzos y devenires: Freud, Lacan y sus discípulos; sino lo sucedido en nuestro país. Argentina puede ser caracterizado como un lugar de importación de saberes, tal el caso del psicoanálisis.
Tendremos presente la perspectiva propuesta por Germán García en El psicoanálisis y los debates culturales (2005): “…el psicoanálisis entra en los debates de la cultura al subrayar la discordia que existe entre el deseo y los ideales en diversos ámbitos” Esa entrada del psicoanálisis en Argentina será en un determinado contexto, incluye diversas modalidades y posiciones. La propuesta es seguir el hilo de ese recorrido, ni único ni absoluto, pero sí contundente a la hora de sus consecuencias; descartar la ilusión de hacer una historia del psicoanálisis para entonces sí, contando con ese imposible, investigar y entender sucesos, acontecimientos ocurridos en lugares y fechas precisas que a su vez involucran diversos nombres.

Carina Luz Scaramozzino.
Participante de TRAZOS: clínica y enseñanza del psicoanálisis.

La palabra en análisis. Transferencia y repetición

La palabra en análisis. Transferencia y repetición

Este año retomaremos la lectura de “Actualidad del trauma” (2005) de Germán García, libro que será telón de fondo para el Curso 2019. 

García pone a trabajar allí la tesis radical de Lacan acerca del lenguaje.
El lenguaje es algo que nos habita dormidos o despiertos, no podemos manipularlo a voluntad, no podemos conectarnos y desconectarnos de él como si fuera una computadora. Se trata de un elemento parasitario que no piensa lo que queremos y piensa lo que no queremos.

Luego de una minuciosa lectura de las tres tópicas freudianas, bajo el lente de los registros: real, simbólico e imaginario, García establece correspondencias y diferencias. Su hipótesis es que el lenguaje recubre simbólica e imaginariamente un agujero (también trauma) fundamental. Elabora una propuesta práctica que recuerda que siempre es cuestión de un sujeto, de su inconsciente, de lo que para él las palabras quieren decir y de su cuerpo afectado por ese lenguaje.

Así el uso de ciertas palabras para designar malestares actuales, por ejemplo: stress, depresión, ataque de pánico, etc. son etiquetas que evitan decir que la gente enferma de palabras; claro que no de cualquier clase de palabras sino de aquellas que para quien las padece son significativas. Esas descripciones comunes, que por lo mismo esquivan toda singularidad, ubican el trauma por fuera de quien lo padece y olvidan lo que acontece en el cuerpo. Por ejemplo: la sorpresa, factor de extrañeza o acontecimiento que es para un niño su entrada en la pubertad, momento en que lo sexual toma otra dimensión. Vale aclarar que estas problemáticas no son privativas de niños y adolescentes, como explica S. Freud, ya que un adulto sufre de una neurosis siempre infantil.

En su desarrollo García explica que el trauma no es algo extraño que se enquista, sino algo familiar que se ha vuelto extraño en el encuentro con un acontecimiento exterior. Considerando el lenguaje en su faz de adormecimiento, de sugestión o fascinación tal como ha sido planteado, se despeja la función de la palabra sobre los hablantes, ella es efectiva a la hora de provocar un sufrimiento.
Aunque la palabra no solo enferma, también posee un valor curativo. En un análisis se desandan los caminos de la palabra: un sujeto despierta, se entera de que habla y de las consecuencias que eso tiene para él; no es amo de lo que dice ya que está determinado por el lenguaje.
Esto acontece en la transferencia. Se trata del desplazamiento de las palabras en relación a la presencia del analista y a su función en el lugar de la cura.
La transferencia conecta a un sujeto que habla (aquél que se presta al juego de la asociación libre), con un saber, el del inconsciente. En este contexto, puede pensarse el inconsciente como un lugar donde permanecen en reserva las determinaciones del sujeto. Por su parte la transferencia es el movimiento por el cual esas determinaciones son reveladas por las palabras. El sujeto ignora ese saber del inconsciente, pero a su vez, sufre y se cuestiona y es por eso que demanda un análisis. Esa ignorancia da cuenta de la represión, de los síntomas, en fin, de la neurosis. De ahí que alguien pueda desconocer que habla y que sus palabras y sus actos tienen consecuencias. Por ejemplo, no es libre de los dichos familiares; aunque no está obligado a seguir de acuerdo con ellos, puede cuestionarse al respecto.
Las preguntas que un sujeto se hace en un análisis, se dirigen a un lugar, hacia el lugar del Otro. Allí se define su existencia. Las palabras del analizante resonarán de otro modo que en su cotidianidad, aprenderá a hablar más allá de la familia, siendo que no hay más allá de esas palabras. A partir de situar este lugar, es que un lapsus, un acto fallido o un sueño, dejan de ser considerados errores por más inverosímiles que parezcan y comienzan a leerse como manifestaciones que inquietan al sujeto porque son “suyas”. Sin embargo, él se niega a reconocerse en ellas, a pesar de que estas dicen un mensaje que hace a su verdad más íntima.
El sujeto en la transferencia podrá reconocer ese saber que paradójicamente le es extraño y a su vez íntimo. Tal como la noción de trauma que García desarrolla. Tras la asociación de palabras, verifica que los lugares que ha ido ocupando en su vida no solo se repiten sino que están determinados más allá de lo que él sabe, y que de esos lugares que hacen a su historia pasada o aún futura, es responsable. Su deseo está ahí, implicado desde siempre aunque sus razones se le escapen. Cuando alguien está sujeto a sus pasiones va a la deriva, es por ejemplo un neurótico, un extraviado. Cuando alguien pasa por un análisis tiene la chance de producir un corte, despertar de esa dormidera para entonces estar sujeto al deseo que lo orienta.
Acerca del analista se puede decir que además de escuchar, lee e interpreta lo que el sujeto repite sin advertir. Un psicoanálisis es un saber práctico, es una cura, o dicho de otra manera, sirve a los fines de terminar con un sufrimiento. A contrapelo, los distintos “quitapenas” que propicia la civilización: las drogas, las sectas, los amoríos, o la psicología entre otros objetos a los que Freud se refirió en El malestar en la cultura (1920), son intentos de borrar la división subjetiva.
El arte del analista es confrontar al sujeto con aquello que lo divide y a su vez desconoce.
A
 propósito de la transferencia analítica, durante el año pasado se investigó dos de los tres aspectos según Freud: transferencia y sugestión; transferencia y resistencia. Así como la confrontación que hace Lacan a partir de situar errores y contradicciones, aquellas que propiciaron los desatinos de los llamados post-freudianos. Ahora, sin ir más lejos esas son modalidades de la psicología actual; psicoterapias que hay que diferenciar del psicoanálisis. Estas errancias son parte de una aplicación errónea del psicoanálisis, aquellas que lo reducen al eje imaginario, verdadera antecámara de la locura, en la que el amor de transferencia se confunde con el amor-pasión, o a la inversa, el odio.
En este curso se retomará el concepto de transferencia en la tercera vertiente o aspecto, aquella que hace a la transferencia y a la repetición. Consideramos que la lectura de Freud es imprescindible cuando seguimos la orientación lacaniana ya que Lacan no solo inauguró su enseñanza de esta manera sino que la prosiguió así durante los veintisiete años de su Seminario.
También será motivo de estudio la noción de transferencia negativa.
Se situarán entonces los distintos momentos de la transferencia, considerando que no es sin Freud que Lacan formalizó este concepto y el de repetición luego de diez años de Seminario. Ese trabajo devino en una distinción entre lo que responde a la estructura del sujeto y aquello que hace a la dinámica de la cura cuyo hilo seguiremos.

Carina Luz Scaramozzino.
Participante de TRAZOS: clínica y enseñanza del psicoanálisis.

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