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El yo Freudiano. Del placer a la realidad.
El desarrollo de la teoría del yo freudiano va de 1910 a 1920 y estructura la relación narcisista. Más allá del principio de placer (1920) es un punto de inflexión que afirma esos desarrollos y permite distinguir principio de placer de principio de realidad, introducir la pulsión de muerte y dar paso a los desarrollos sobre el masoquismo primordial; para arribar a la segunda tópica en El yo y el ello (1923).
Para Freud el punto de partida es clínico, o sea que parte de lo que no funciona, ya que no hay adecuación a la realidad sino extrañamiento y llega a decir que la realidad es insoportable. Lacan, toma y condensa este punto de partida y dice: “la clínica es lo real como imposible de soportar”, hay allí que introducir la distinción entre realidad y real.
Una cita que ilustra la propuesta:
“…hay algo que el yo no quiere aceptar del inconsciente, que el yo no haría en nombre del principio del placer, en tanto el placer se opone al deseo… Freud dice en Inhibición, síntoma y angustia que, hasta ahora creíamos que el yo en nombre de la realidad reprimía a la pulsión, ahora sabemos que no, que el yo en nombre del placer produce señales de angustia que obligan al sujeto a reprimir la pulsión. Por lo tanto, aunque parezca un disparate, es en nombre del placer que el deseo es reprimido. Esta es la resistencia yoica.
La resistencia de ello es simplemente que ello no pasa por la palabra.
También está la resistencia del superyó que es el mandato de goce como Freud plantea en El yo y el ello. El superyó impone al yo los mandatos de ello. El superyó, podríamos decir así, es el que da palabra al objeto. La palabra imperativa impuesta por el objeto causa.”
Fundamentos de la clínica analítica, Germán García.
En el curso de este año se recorrerán los textos citados de Freud a la luz de Fundamentos de la clínica analítica de Germán García y también se leerán algunos capítulos de Causa y consentimiento de Jacques Miller.
Carina Scaramozzino
Inscripción:
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El primer encuentro del curso se realizará el Sábado 27 de Marzo a las 11:00hs puntual. Luego, el curso continuará todos los 2dos y 4tos Sábados de cada Mes (una vez cada 15 días aproximadamente)
Actividad abierta y arancelada.
Un ámbito propicio
El psicoanálisis tiene que transmitirse dónde se pueda, no obstante, es fundamental que sea allí dónde las interferencias externas a su propia lógica sean reducidas al mínimo posible.
Freud se ocupó de crear un ámbito y logró insertar el psicoanálisis en la cultura, lo discierne de entre el arte, la religión, la filosofía y la ciencia. En 1920 cuando describe la psicología de las masas, surgen interrogantes a propósito de qué tipo organización institucional ha dado a los psicoanalistas así como, acerca del problema de la formación que a ellos compete.
Lacan cuenta con el psicoanálisis inserto en la cultura por Freud, no obstante actualiza la pregunta por el lugar del psicoanálisis entre otros saberes, los propios de su tiempo y se encarga de separarlo de la deriva pulsional del siglo ya que esta varía.
La pregunta por el ámbito propicio para la difusión del psicoanálisis, es actual e incumbe a aquellos que nos decimos practicantes del psicoanálisis. Para ensayar una respuesta es imprescindible revisar cuestiones propias de la historia del psicoanálisis, no sólo sus comienzos y devenires: Freud, Lacan y sus discípulos; sino lo sucedido en nuestro país, caracterizado como un lugar de importación de saberes, tal el caso del psicoanálisis.
Seguiremos la perspectiva propuesta por Germán García en el Curso Fundamentos de la clínica analítica en lo referente al escrito de J. Lacan: La dirección de la cura y los principios de su poder (1958).
Carina Luz Scaramozzino.
Inscripción:
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El curso comienza el Sábado 24 de Abril a las 12:15hs, continuando todos los 4tos Sábados de cada mes.
Actividad abierta y arancelada.
EL SUJETO Y LOS GOCES EN LA ACTUALIDAD.
Durante el Curso 2020 abordaremos:
- – Los diversos y dispersos motivos de consulta actuales.
- – La continuación de los tratamientos.
- – Las posiciones que tomará cada practicante del psicoanálisis considerando los distintos momentos de un análisis.
Uso compulsivo de la tecnología, consumo de comidas y ejercicios “saludables”,
operaciones en el cuerpo, “libre” sexualidad, amistades abstractas, acopio de bienes
utilitarios.
En fin, exigencias culturales que ponen a las personas en una carrera cuyo destino dice ser la felicidad y la completud. Pero, dan como saldo desencanto, agresividad, banalización o tan solo consumismo y reducción a la masa de entusiastas/angustiados. Hacen a la diversificación de los motivos de consulta pocas veces formulados con claridad. Son modalidades que alejan a los seres hablantes cada vez más de la posibilidad de preguntarse: qué quieren, ya no en los términos de “bienes”, sino en relación a su deseo.
Estos impulsos breves, suelen dispersar a los sujetos en un sinfín de actividades sin poder estar en alguna y requieren del psicoanálisis una interpretación que será siempre caso por caso.
Daremos comienzo al Curso 2020: El sujeto y los goces en la actualidad hablando de las identificaciones.
Germán García en uno de los libros que visitaremos durante el año: En torno de las identificaciones, habla de ellas en plural y las ubica entre el fantasma y la pulsión. Usa como hilo de lectura los conceptos lacanianos. Esta vía trata al sujeto que se produce como efecto entre significantes, sujeto dividido y circunscribe un objeto, por fuera de los significantes.
Argumentaremos por qué el psicoanálisis no ofrece una nueva identificación (sea al analista, o a otros) en el lugar de aquellas identificaciones que caen en el recorrido de un análisis.
Punto fundamental que separa una psicología de un psicoanálisis e incide en la continuidad de los tratamientos. El sujeto en un análisis hace la experiencia de confrontarse con el objeto como perdido, e incluso separarse de ese objeto. Al respecto dice Germán García:”… el que llora porque perdió algo, no lo perdió sino que está en la ilusión de que lo puede encontrar”.
El psicoanálisis apunta a la singularidad de un sujeto y a la particularidad de su objeto que funciona como perdido.
La segunda enseñanza de Lacan conlleva una nueva clínica, en el libro 11 de su seminario Lacan dirá al respecto, no sólo que el analista es parte del concepto de inconsciente (cuestión que desarrollaremos) sino que, la realidad del inconsciente es sexual y es puesta en acto en la transferencia. Dicha realidad sexual, alude a la pulsión.
La frase “no todo es significante”, en el seminario 11 quiere decir que la pulsión es un recorrido de ida y vuelta que contornea un vacío y produce un resto que es independiente como dijimos, del significante. A este resto Lacan lo llamará objeto a. Es una de las formas de nombrar un goce, en este caso fragmentario, que no está incluido en el goce de hablar o goce fálico.
Pondremos en relieve la multiplicidad de goces a los que se refiere Lacan y puntualmente los que son cernidos entre la segunda y la tercera enseñanza en la que lo real dará nueva orientación a lo simbólico y a lo imaginario. La interpretación apuntará entonces al goce y ya no sólo al síntoma como formación del inconsciente.
El pasaje de una a otra modalidad de la enseñanza de Lacan y de una a otra clínica, no anula la anterior, sino por el contrario la tiene en cuenta y la enriquece.
Entonces, armar un entramado que contemple los distintos momentos de la enseñanza de Lacan, servirá para a su vez pensar los distintos momentos de un análisis.
Una clínica que ya se practica y pide ser formulada, sea en relación a los que hemos mencionado como motivos de consulta o bien a la continuación/interrupción de los tratamientos. Lo real del cuerpo orienta y desorienta la cuestión.
La noción de cuerpo hablante tal como Jacques A. Miller sitúa en Sutilezas analíticas – otro de los libros de referencia para este año – ilustrará este punto y nos permitirá sostener la pregunta acerca de las posiciones que convienen hoy al practicante del psicoanálisis.
Carina L. Scaramozzino
LO INCURABLE DEL SUJETO
En los tiempos que corren es cotidiano escuchar la palabra SALUD, precisamente la OMS escribe en su Constitución: «La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.»
Y especifica que la salud mental “es un estado de bienestar en el que la persona realiza sus capacidades y es capaz de hacer frente al estrés normal de la vida, de trabajar de forma productiva y de contribuir a su comunidad. En este sentido positivo, la salud mental es el fundamento del bienestar individual y del funcionamiento eficaz de la comunidad”.
La misma organización platea que ante la pandemia es posible estar “Sanos en Casa”, proponiendo ciertos tips dice (textual) “Afortunadamente, son muchas las cosas que podemos hacer para cuidar nuestra salud mental”
Podemos leer que en esta definición se piensa a las personas como individuos, es decir indivisos, como-unidades. Que es posible tener un dominio del cuerpo y la mente… digamos.
Desde el psicoanálisis freudiano, según la enseñanza de Lacan, hablar de SUJETO nos posiciona ya en una división, es decir que no hay ni habrá una unidad. Esta noción tiene sus orígenes en 1938 (La escisión del yo en el proceso defensivo) cuando Freud teoriza que se produce una desgarradura en el yo ante un conflicto entre la exigencia de la pulsión y el veto de la realidad objetiva, donde se resuelve tomar ambos caminos simultáneamente. Desgarrón del yo “que nunca se reparará, sino que se hará más grande con el tiempo”. Lacan encuentra en ese desgarrón del yo una verdad irreductible y postula la teoría del sujeto dividido.
Tiempo antes daba por tierra la ilusión de un yo unificado, en el texto “Una dificultad del psicoanálisis” de 1917 Sigmund Freud escribe que el “hombre se siente soberano de su alma, y desde su Yo puede examinar sus propias mociones y acciones para determinar si armonizan con sus exigencias”. Pero siendo que “la vida pulsional no puede domeñarse plenamente, y que los procesos anímicos son en sí inconscientes…”, se asevera que “el yo no es el amo de su propia casa.” Nombra así una de las heridas narcisistas.
En “Actualidad del trauma” (de Germán García) se lee “…la gente está enferma de palabras. Uno está enfermo de lenguaje, esa es la teoría de Jacques Lacan. La gente aprendió a hablar y no puede estar fuera del lenguaje.”
Y continúa García: “El lenguaje, lejos de ser un instrumento, es algo que me habita, dormido o despierto. Piensa lo que no quiero pensar, y no piensa lo que quiero.”
Esto nos va poniendo en la vía de que el hombre pensado como un ser en completo bienestar y armónico sería una ilusión, algo imposible, ya que está dividido y el lenguaje lo habita, no puede controlar.
En el capítulo 7 de “La interpretación de los sueños” (1900) Freud hace referencia a un lugar de sombras, escribe que hasta en los sueños mejor interpretados se observa un límite “que de ahí arranca una madeja de pensamientos oníricos que no se dejan desenredar” “Entonces ese es el ombligo del sueño, el lugar en que él (el sueño) se asienta en lo no conocido”. Y en el apartado en donde analiza un sueño propio – “El Método de la Interpretación de los Sueños. Análisis De Un Sueño Paradigmático” – en una nota al pie se lee, “sospecho que la interpretación de este fragmento no avanzó lo suficiente para desentrañar todo su sentido oculto. … todo sueño tiene por lo menos un lugar en el cual es insondable, un ombligo por el que se conecta con lo no conocido.”
Postulando que siempre uno se va a encontrar con un elemento irreductible.
En el libro “Sutilizas Analíticas”, Jacques-Alain Miller anuncia que Freud utiliza la expresión ombligo del sueño como ese punto donde las interpretaciones convergen y dan un horizonte indefinido… son inconclusas por estructura, ninguna interpretación está terminada….
Esto da cuenta que no todo está dicho, ni se puede decir.
Casi al finalizar el capítulo “Posición del analista”, se lee: “Lacan trató de nombrar con muchos nombres el ombligo del sueño – ombligo también de todo acto fallido, la represión primordial – hasta llegar al NO HAY RELACION SEXUAL como su designación más próxima, ya que el problema sexual no tiene solución significante.” No puede ser dicho, está por fuera del lenguaje, no hay saber sobre lo sexual.
Se trata de la forclusión del significante de La Mujer, por lo cual cada uno tiene su construcción de la mujer y la relación sexual. Esto justifica el “todo el mundo es loco, es decir, delirante”, fórmula que Miller toma de Lacan para plantear la inadecuación entre lo real y lo mental, e implica que de lo real solo se puede mentir. Cuestionando cualquier idea de salud mental.
En otro capítulo Miller nombra a Lacan y dice que él “creía que la falla que vuelve para siempre al hombre enfermo era la ausencia de relación sexual, que esa enfermedad era irremediable, que nada podría colmar ni curar la diferencia entre un sexo y otro,… La ausencia de relación sexual invalida toda noción de salud mental y de terapéutica como retorno a la salud mental.”
Por lo tanto el cuerpo es afectado por el lenguaje, ya sea en tanto que el hombre no cuenta con todos los significantes y también por el límite mismo que lleva en sí la interpretación.
El psicoanálisis admite los efectos del lenguaje en la enfermedad intrínseca del ser humano como ser hablante y como ser hablado. En su última enseñanza Lacan lo llamará “parletre” – ser hablante y hablado.
Ese ombligo del sueño, ese lugar vacío de significante, no tiene determinación simbólica. Y es en torno a él que el lenguaje se organiza.
En la página 66 de “Actualidad del trauma” se lee “el lenguaje se organiza, simbólica e imaginariamente, en torno a un agujero fundamental, a eso Freud lo llamaba de diferentes maneras: represión primaria, ombligo del sueño.”
Ese vacío fundamental es lo que hace hablar, ordena el discurso. En el “hacer hablar”, surge el problema: hay cosas de las que no se puede hacer hablar, hay cosas que están por fuera de la palabra.
El hombre como individuo, que es decir cómo Yo, producto de las sucesivas identificaciones, considera que es posible la armonía. Recientemente escuché en la tv una mujer que, desde la psicología social, intentaba dar explicaciones sobre la sexualidad en la adolescencia y recomendaba “hay que hablar para solucionar, resolver”, ante esto, surgen las preguntas ¿qué tipo de resolución sería posible? ¿Desde qué lugar se piensa al adolescente? Ese plateo desconoce la división, deniega aquello que determina a los seres hablante. Con Freud y Lacan encontramos que siempre hay un elemento no asimilable, que el lenguaje puede rodear o situar pero no puede absorber. Entonces desde el psicoanálisis, al hablar de sujeto, es que tenemos en la mira eso no asimilable.
Hay un agujero que es imposible de simbolizar y eso da la pauta que cada quien inventa una ficción para recubrirlo. Por lo cual la normalidad, o el “como todo el mundo”, son imposibles.
Ese vacío confronta al sujeto con un no saber, que no tiene que ver con el saber del inconsciente, ya que si bien hay un inconsciente a descifrar aquí se plantea que hay un punto irreductible que no se deja adormecer por lo simbólico. Es constante e incurable.
Ante esto me pregunto: ¿de qué real se trata este ombligo del sueño, límite de la interpretación? Teniendo en cuenta que hay diferentes concepciones de lo real en Lacan.
Voy a tomar un par de puntos que me permitirían orientar una posible respuesta. En la clase tres del libro “En torno de las identificaciones” García destaca algunas de las definiciones de lo real, siendo una de ellas la que resulta interesante porque es una definición clínica. “Lo real está fuera de la ley del lenguaje”, sigue “Decir que lo real está fuera de la ley del lenguaje quiere decir que el encuentro del sujeto con lo real produce perturbaciones en su discurso” y aclara que en la neurosis el sujeto tiene un discurso y una imagen de sí; si esto trastabilla es porque hay algo que está fuera de la ley de ese discurso y ha tocado al sujeto.
Esto me remite nuevamente a Freud en su análisis del sueño de la inyección de Irma. Desde la lectura que Lacan se destaca ese punto de las asociaciones en que el sueño se inserta en lo desconocido. Pero resalta el “descubrimiento horrible” del fondo de esa garganta, la imagen terrorífica, angustiante, revelación de algo estrictamente innombrable”. Siguiendo con el Seminario 2 Lacan dice “A esta revelación llega Freud en la cumbre de su necesidad de ver, de saber…” y reconoce que ante un sueño que desemboca en algo así debe provocar el despertar, pero Freud no despierta… porque tiene agallas. Y continúa “Hay, pues, aparición angustiante de una imagen que resume lo que podemos llamar revelación de lo real en lo que tiene de menos penetrable, lo real sin ninguna mediación posible, de lo real último, del objeto esencial que ya no es un objeto sino algo ante lo cual todas las palabras se detienen y todas las categorías fracasan, el objeto de angustia por excelencia.”
Me detengo aquí para continuar indagando, sobre qué real remite este ombligo del sueño. Entiendo que el sujeto se acerca a un punto que está fuera del lenguaje y lo perturba.
El título de esta presentación es “Lo incurable del sujeto”, ante lo incurable, ¿Qué ofrece el psicoanálisis? Con Germán García podemos decir que se ofrece un recorrido por el análisis. No con un fin utilitario ni productivo tal como se nombra en la definición de la Organización Mundial de la Salud. El psicoanálisis (lejos del utilitarismo de Bentham) ofrece un acercamiento a aquello que cada uno tiene de singular, irreductible e incurable, qué haciéndolo operativo permite a uno estar más cómodo, al decir de Miller, dejar de sufrir por ello.
Natalia Rotondo
Bibliográficas:
Freud, S. (1900) “La interpretación de los sueños” en Obras Completas, Tomo V, Amorrortu.
Freud, S. (1938): “La escisión del yo en el proceso defensivo” en Obras Completas, Tomo XIII. Amorrortu.
Freud, S. (1917): “Una dificultad del psicoanálisis” en Obras Completas, Tomo XVII. Amorrortu.
García, Germán (2005): “Actualidad del trauma”. Grama ediciones
García, Germán (2009): “En torno a las identificaciones” Otium Ediciones
Lacan, Jacques (1954-1955): “El Seminario. Libro2: El Yo en la Teoría de Freud y en la Técnica Psicoanalítica”. Editorial Paidos.
Miller, Jacques –Alain (2011): “Sutilizas Analíticas”. Editorial Paidos.
Organización Mundial de la Salud: https://www.who.int/es
La incomodidad del psicoanálisis.
El psicoanálisis no se ofrece como una posibilidad más, frente al consumismo de felicidad, bienestar, comodidad, y amores románticos de todo tipo. Quien practica el psicoanálisis, posibilita, en el mejor de los casos, posibilita o no, transitar esos lugares poco iluminados, incómodos, de los que el sujeto, ilusionado, iluminado, nada quiere saber.
Germán García, en “EN TORNO DE LAS IDENTIFICACIONES”, dice: El deseo del analista es una cosa nueva en el mundo. A Freud se le ocurrió que su propio deseo de entender lo que decía el otro era ya un oficio. Podemos decir que antes había deseo de analizante, porque la gente iba a que les descifraran los sueños, iba al cura, lo que no había era deseo de analista.
Ante las múltiples demandas de sanar, de curar, donde no hay lugar para la angustia, donde urge el no sufrir, aprovechar el tiempo, producir, la experiencia analítica nos viene a inquietar, a despabilar de aquellos lugares naturalizados. El psicoanálisis no garantiza ningún bien, o podríamos decir, que el único bien que puede ofrecer es el psicoanálisis mismo, ¿y qué bien ofrece el psicoanálisis?, ninguno, dice Germán García.
¿Hay posibilidad de un análisis en estos tiempos? ¿Con qué desafíos se encuentra el psicoanálisis frente a la subjetividad de la época?
A los imperativos del saber soltar, saber amar, saber llevar una vida feliz, el psicoanálisis lo que ofrece es investigar, indagar aquello que no marcha ni marchará, de la relación del sujeto con el mundo. El psicoanálisis, a diferencia de los discursos religiosos, del mercado de los quitapenas, no promete felicidad. Dijera Lacan (1) , “para eso fue pensada la religión, para curar a los hombres, es decir, para que no se den cuenta de lo que no anda”.
En estos tiempos donde pareciera que nada tiene que doler, donde no está permitido aburrirse, angustiarse, el psicoanálisis sigue suscitando incomodidades, inquietando opacidades, imposibles de atravesar.
Eric Laurent (2) explica por qué el psicoanálisis es una práctica eficaz, y por qué puede seguir sosteniendo esta eficacia, especialmente en un siglo XXI en el cual lo que no tenga eficacia no va a tener lugar. Se muestra un psicoanálisis que en vez de autosegregarse en su pequeña identidad, sale y sostiene una conversación con los otros discursos y con los días, ofreciendo no la cura analítica para todos, sino un lugar de uso posible para todos. En este sentido el psicoanálisis, no ofrece ningún bien, es decir, no tiene como meta la cura, el bienestar, sino que hay como efecto del recorrido del análisis de cada quien, un andar lo bastante mejor, una cura como efecto de la experiencia analítica.
El psicoanálisis no promete éxitos, tampoco ofrece garantías, ni se aloja en el programa de la civilización. Lacan (3), en la lectura de Freud, haciendo referencia a la búsqueda de felicidad por parte de los hombres, dice: “Para esa felicidad, absolutamente nada está preparado en el macrocosmos ni en el microcosmos” “Ciertamente, el hombre busca la felicidad, ése es su fin”. El hombre busca ser feliz, y quiere serlo, nos dice Freud, y el psicoanálisis nada tiene que ver con aquellas exigencias, como dijera Lacan, «de reconciliación pastoral de todo con todo”. A lo sumo el poder ser felices, por efecto del análisis, aceptando que no es sin incomodidades, vivir de manera más consciente con aquello que uno cree que ama, y desea. Se podría decir que el psicoanálisis tiene que ver con una experiencia amorosa, una experiencia que como el amor, no es sin fracasos, ni sin fallas.
En palabras de Lacan (4) “todo orden, todo discurso que se entronca en el capitalismo, deja de lado lo que llamaremos simplemente las cosas del amor”.
El capitalismo nada quiere saber de aquello que falta, que duele. Aspira, pretende, hacer posible lo imposible. Donde todo es medido, etiquetado, clasificado, es ahí donde el sujeto detiene la pregunta por su deseo, es ahí donde permanece dormido.
La experiencia del psicoanálisis no es sin trastabillar, ofrece lugar a la sorpresa y a las cosas del amor que el mercado, rechaza. El sujeto se acomoda a las exigencias, responde a los imperativos, y va camino a la búsqueda de tranquilidad, para dejar de sufrir, tranquilidad que se traduce en un adormecimiento, en un mantenerse dormidos con los ojos abiertos. ¿De qué se escapa el sujeto en la actualidad?
Liliana Goya (5) en su artículo: El horror al saber, dice: “si se trata de la verdad, la verdad de la que se trata es la de la castración. Pero como ella no puede decirse más que a través de rodeos, solo a partir de los síntomas aparece en el hombre esta verdad, entre líneas. La posibilidad que esta verdad aparezca, depende y compete al deseo del analista, el cual no es sin incomodar, ese deseo que no consiste en taponar de sentido, ni curar sino poder habilitar el decir del sujeto, aquel que llega amarrado de su historia, alienado de sus identificaciones.
Miller (6) nos dice: el deseo del analista no es ajustarlos a, no es hacerles el bien, sino justamente obtener lo más singular de lo que constituye su ser; esto es, que sean capaces de delimitar lo que los diferencia como tales y de asumirlo, de decir: yo soy este que no está bien, que no es como los demás, que no apruebo, pero que es esto.
Haciendo referencia al propio análisis, Liliana Goya dice que el analista tiene que haber podido acercarse a eso que lo determina, de lo que siempre como neurótico ha querido huir, desconocer su propio horror al saber, (de saber sobre su verdad); condición para poder operar en la función que lo concierne. Retomando el titulo de mi trabajo, es con la incomodidad del psicoanálisis que se puede posibilitar el decir del sujeto, más que al hacer, y en ese decir del sujeto y tomando las palabras de Miller, es que lo más difícil de alcanzar no es el hombre nuevo, no es la tierra prometida. Hay simplemente un andar bastante mejor, o leyendo los discursos epocales, un andar bastante feliz.
Julieta Lohrengel
(1) Lacan, Jacques (1974). “El triunfo de la religión”. Editorial Paidós.
(2) Laurent, E. (2000) “Psicoanálisis y Salud Mental” Editorial Tres Haches.
(3) Jacques Lacan (1959 – 1960), El seminario, libro 7: La ética del psicoanálisis.
(4) Jacques, Lacan (1971 -1972) EL SABER DEL PSICOANALISTA Charlas en Sainte Anne.
(5) Liliana Goya (2019) ETCETERA Nº138. EL HORROR AL SABER
(6) Miller, Jacques-Alain (2011): SUTILEZAS ANALITICAS. Editorial Paidós
Un ámbito propicio (2019)
“Se puede esperar del psicoanálisis sólo aquello que se le ha dado”
¿Qué nos enseña el saber referencial del psicoanálisis?
¿Qué nos enseña su práctica y su clínica llamada de la singularidad?
¿Cómo favorecer la difusión y la expansión del psicoanálisis?
Estas tres preguntas, se corresponden con tres campos: episteme, clínica y política, campos que al tratarse de psicoanálisis, operan articulados entre sí.
El psicoanálisis tiene que transmitirse dónde se pueda, no obstante, es fundamental que sea allí dónde las interferencias externas a su propia lógica sean reducidas al mínimo posible.
Hay dos aspectos que sirven a los fines de pensar un ámbito propicio para la transmisión del psicoanálisis, uno es el que hace a su relación con otros saberes de la cultura y sus diversas tramas. El otro, es el inherente al psicoanálisis en las instituciones (según sus modalidades) y a los practicantes del psicoanálisis entre sí.
Freud se ocupó de crear un ámbito y logró insertar el psicoanálisis en la cultura, lo discierne de entre el arte, la religión, la filosofía y la ciencia. Lo ubica más cercano a esta última pero aclarando que no se trata de una “weltanschauung” palabra alemana de difícil traducción, cercana a la palabra cosmovisión en castellano. Al psicoanálisis como método que reviste una experiencia singular no le hace falta cosmovisión alguna, este es un principio y una condición. En 1920 cuando Freud describe la psicología de las masas, surgen interrogantes a propósito de qué tipo organización institucional ha dado a los psicoanalistas así como, acerca del problema de la formación que a ellos compete. Hemos de aclarar que estas cuestiones fueron motivo de investigación desde mucho antes del ´20 y hacen a la historia de lo que él nombra: movimiento psicoanalítico.
Lacan cuenta con el psicoanálisis inserto en la cultura por Freud, no obstante actualiza la pregunta por el lugar del psicoanálisis entre otros saberes, los propios de su tiempo. Con Freud difiere tanto en la conducción de la clínica como en el modo de organización entre analistas y su formación. Esa formación supone: análisis, enseñanza y control de la práctica.
La pregunta por el ámbito propicio para la difusión del psicoanálisis, es actual e incumbe a aquellos que nos decimos practicantes del psicoanálisis. Para ensayar una respuesta es imprescindible revisar cuestiones propias de la historia del psicoanálisis, no sólo sus comienzos y devenires: Freud, Lacan y sus discípulos; sino lo sucedido en nuestro país. Argentina puede ser caracterizado como un lugar de importación de saberes, tal el caso del psicoanálisis.
Tendremos presente la perspectiva propuesta por Germán García en El psicoanálisis y los debates culturales (2005): “…el psicoanálisis entra en los debates de la cultura al subrayar la discordia que existe entre el deseo y los ideales en diversos ámbitos” Esa entrada del psicoanálisis en Argentina será en un determinado contexto, incluye diversas modalidades y posiciones. La propuesta es seguir el hilo de ese recorrido, ni único ni absoluto, pero sí contundente a la hora de sus consecuencias; descartar la ilusión de hacer una historia del psicoanálisis para entonces sí, contando con ese imposible, investigar y entender sucesos, acontecimientos ocurridos en lugares y fechas precisas que a su vez involucran diversos nombres.
Carina Luz Scaramozzino.
Participante de TRAZOS: clínica y enseñanza del psicoanálisis.
La palabra en análisis. Transferencia y repetición
Este año retomaremos la lectura de “Actualidad del trauma” (2005) de Germán García, libro que será telón de fondo para el Curso 2019.
García pone a trabajar allí la tesis radical de Lacan acerca del lenguaje.
El lenguaje es algo que nos habita dormidos o despiertos, no podemos manipularlo a voluntad, no podemos conectarnos y desconectarnos de él como si fuera una computadora. Se trata de un elemento parasitario que no piensa lo que queremos y piensa lo que no queremos.
Luego de una minuciosa lectura de las tres tópicas freudianas, bajo el lente de los registros: real, simbólico e imaginario, García establece correspondencias y diferencias. Su hipótesis es que el lenguaje recubre simbólica e imaginariamente un agujero (también trauma) fundamental. Elabora una propuesta práctica que recuerda que siempre es cuestión de un sujeto, de su inconsciente, de lo que para él las palabras quieren decir y de su cuerpo afectado por ese lenguaje.
Así el uso de ciertas palabras para designar malestares actuales, por ejemplo: stress, depresión, ataque de pánico, etc. son etiquetas que evitan decir que la gente enferma de palabras; claro que no de cualquier clase de palabras sino de aquellas que para quien las padece son significativas. Esas descripciones comunes, que por lo mismo esquivan toda singularidad, ubican el trauma por fuera de quien lo padece y olvidan lo que acontece en el cuerpo. Por ejemplo: la sorpresa, factor de extrañeza o acontecimiento que es para un niño su entrada en la pubertad, momento en que lo sexual toma otra dimensión. Vale aclarar que estas problemáticas no son privativas de niños y adolescentes, como explica S. Freud, ya que un adulto sufre de una neurosis siempre infantil.
En su desarrollo García explica que el trauma no es algo extraño que se enquista, sino algo familiar que se ha vuelto extraño en el encuentro con un acontecimiento exterior. Considerando el lenguaje en su faz de adormecimiento, de sugestión o fascinación tal como ha sido planteado, se despeja la función de la palabra sobre los hablantes, ella es efectiva a la hora de provocar un sufrimiento.
Aunque la palabra no solo enferma, también posee un valor curativo. En un análisis se desandan los caminos de la palabra: un sujeto despierta, se entera de que habla y de las consecuencias que eso tiene para él; no es amo de lo que dice ya que está determinado por el lenguaje.
Esto acontece en la transferencia. Se trata del desplazamiento de las palabras en relación a la presencia del analista y a su función en el lugar de la cura.
La transferencia conecta a un sujeto que habla (aquél que se presta al juego de la asociación libre), con un saber, el del inconsciente. En este contexto, puede pensarse el inconsciente como un lugar donde permanecen en reserva las determinaciones del sujeto. Por su parte la transferencia es el movimiento por el cual esas determinaciones son reveladas por las palabras. El sujeto ignora ese saber del inconsciente, pero a su vez, sufre y se cuestiona y es por eso que demanda un análisis. Esa ignorancia da cuenta de la represión, de los síntomas, en fin, de la neurosis. De ahí que alguien pueda desconocer que habla y que sus palabras y sus actos tienen consecuencias. Por ejemplo, no es libre de los dichos familiares; aunque no está obligado a seguir de acuerdo con ellos, puede cuestionarse al respecto.
Las preguntas que un sujeto se hace en un análisis, se dirigen a un lugar, hacia el lugar del Otro. Allí se define su existencia. Las palabras del analizante resonarán de otro modo que en su cotidianidad, aprenderá a hablar más allá de la familia, siendo que no hay más allá de esas palabras. A partir de situar este lugar, es que un lapsus, un acto fallido o un sueño, dejan de ser considerados errores por más inverosímiles que parezcan y comienzan a leerse como manifestaciones que inquietan al sujeto porque son “suyas”. Sin embargo, él se niega a reconocerse en ellas, a pesar de que estas dicen un mensaje que hace a su verdad más íntima.
El sujeto en la transferencia podrá reconocer ese saber que paradójicamente le es extraño y a su vez íntimo. Tal como la noción de trauma que García desarrolla. Tras la asociación de palabras, verifica que los lugares que ha ido ocupando en su vida no solo se repiten sino que están determinados más allá de lo que él sabe, y que de esos lugares que hacen a su historia pasada o aún futura, es responsable. Su deseo está ahí, implicado desde siempre aunque sus razones se le escapen. Cuando alguien está sujeto a sus pasiones va a la deriva, es por ejemplo un neurótico, un extraviado. Cuando alguien pasa por un análisis tiene la chance de producir un corte, despertar de esa dormidera para entonces estar sujeto al deseo que lo orienta.
Acerca del analista se puede decir que además de escuchar, lee e interpreta lo que el sujeto repite sin advertir. Un psicoanálisis es un saber práctico, es una cura, o dicho de otra manera, sirve a los fines de terminar con un sufrimiento. A contrapelo, los distintos “quitapenas” que propicia la civilización: las drogas, las sectas, los amoríos, o la psicología entre otros objetos a los que Freud se refirió en El malestar en la cultura (1920), son intentos de borrar la división subjetiva.
El arte del analista es confrontar al sujeto con aquello que lo divide y a su vez desconoce.
A propósito de la transferencia analítica, durante el año pasado se investigó dos de los tres aspectos según Freud: transferencia y sugestión; transferencia y resistencia. Así como la confrontación que hace Lacan a partir de situar errores y contradicciones, aquellas que propiciaron los desatinos de los llamados post-freudianos. Ahora, sin ir más lejos esas son modalidades de la psicología actual; psicoterapias que hay que diferenciar del psicoanálisis. Estas errancias son parte de una aplicación errónea del psicoanálisis, aquellas que lo reducen al eje imaginario, verdadera antecámara de la locura, en la que el amor de transferencia se confunde con el amor-pasión, o a la inversa, el odio.
En este curso se retomará el concepto de transferencia en la tercera vertiente o aspecto, aquella que hace a la transferencia y a la repetición. Consideramos que la lectura de Freud es imprescindible cuando seguimos la orientación lacaniana ya que Lacan no solo inauguró su enseñanza de esta manera sino que la prosiguió así durante los veintisiete años de su Seminario.
También será motivo de estudio la noción de transferencia negativa.
Se situarán entonces los distintos momentos de la transferencia, considerando que no es sin Freud que Lacan formalizó este concepto y el de repetición luego de diez años de Seminario. Ese trabajo devino en una distinción entre lo que responde a la estructura del sujeto y aquello que hace a la dinámica de la cura cuyo hilo seguiremos.
Carina Luz Scaramozzino.
Participante de TRAZOS: clínica y enseñanza del psicoanálisis.